martes, 22 de septiembre de 2009

Los lectores no son tontos, los periodistas tampoco


Atrás quedaron los tiempos en que ex-periodistas tomaban las riendas de una incipiente disciplina llamada relaciones públicas -pero de manera empírica- para abordar a los editores de los medios de comunicación y ofrecerles información de determinadas empresas y sus productos con el fin de que sean publicadas en diversas secciones.

Tal vez hace 15 años funcionaba bien este mecanismo, pero a estas alturas ya quedó obsoleto y hasta ofensivo en la mayoría de ocasiones.
Hoy los periodistas saben muy bien de qué va este negocio y por su parte, la audiencia tiene un filtro natural que le permite discernir sobre lo que es una verdadera noticia de la que no lo es.
Lo que debe buscar un verdadero profesional de las relaciones públicas es poner en la balanza la información que tiene en las manos y encontrar un punto de equilibrio entre lo que puede ser útil para el medio de comunicación y lo que puede ser interesante para su audiencia. Es ahí en donde el relacionista público tiene que trabajar para encontrar ángulos editoriales realmente atractivos y valiosos que contribuyan a construir de manera positiva la imagen de la empresa a la que representa.
En este trayecto interviene la investigación en fuentes variadas, la construcción de un amplio material gráfico y estadístico, una oferta democrática de voceros, entre otros elementos que le permitan al editor del medio construir la noticia desde su punto de vista. Así es, desde su punto de vista.
Nosotros no podemos imponer el nuestro o el de la empresa a la que asesoramos, nuestra labor está orientada a construir información que per sé sea tan poderosa y termine por convencer de su valor al medio, el periodista y su audiencia. En su defecto lo único que podremos lograr son dos cosas; ser ignorados como fuente de información valiosa para esa y posteriores ocasiones o que se publiquen apenas un par de líneas insulsas y desapercibidas.

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